miércoles, 16 de marzo de 2016

Opiniones y culos

Dicen por ahí que las opiniones son como los culos: todo el mundo tiene una. Además, al igual que pasa con los culos, unas opiniones resultan más agradables que otras y algunas, apestan.

Sin embargo, el culo normalmente lo llevamos a cubierto, guardándolo para nosotros o para aquellas ocasiones en que la situación requiera mostrarlo. Las opiniones no. Opinar es gratis y en eso somos todos muy españoles (si es gratis, pues venga, por qué no) y muy cuñados (mi opinión es la verdad y esta gente necesita oírla).


Dejadme que os diga una cosa: en cuestiones de maternidad, una opinión ajena no solicitada es como la hucha del albañil barrigudo y sudado que asoma sobre el pantalón reventón. Eso es así. Incluso cuando sean "bienintencionadas", cuidado.  Si estamos hablando de una mujer que acaba de dar a luz, cuyas hormonas están revolucionadas, que está exhausta, que se cuestiona, que duda, que se siente abrumada... O bien una mamá de uno o más hijos algo mayores, que lleva mucho tiempo sin dormir, trabajando duro, haciendo lo que puede como mejor sabe, tu opinión bienintencionada es un culo peludo, de esos que le cortan el rollo a cualquiera. En serio.

El 80% de las veces, esa opinión, comentario u observación "bienintencionado" con el que sólo querías "ayudar" será interpretado como un cuestionamiento o una crítica ("o sea, que lo estoy haciendo fatal"), un 10% con indiferencia ("lo que tú digas, pero yo seguiré haciéndolo igual"), un 5% con humor (qué gracioso...) y un 5% con aceptación ("ah, pues no lo había pensado así, lo cambiaré..."). Créeme, no merece la pena el riesgo. Mi consejo es que des tu opinión sólo cuando te la pidan y, aún en esos casos, seas cauto. Aunque todo esto, claro está, es sólo mi opinión :) que, aunque algo más grande después del parto, os aseguro que está limpia y suave :p

No quisiera terminar esta entrada sin añadir, a modo de ilustración, algunas opiniones y comentarios con los que amigas mías -y yo misma- hemos sido premiadas desde que dimos a luz. Todas ellas, por supuesto, observaciones hechas con mucho cariño y la mejor de las intenciones:
(Los ejemplos a continuación están centrados en la alimentación, pero hay de todo)

  • La teta ya no le vale, necesita más comida. Está todo el día en la teta.
  • ¿Ooooootra veeez le vas a dar de comer? Si no tiene hambre, te usa de chupete... -con suficiencia.
  • Tu leche debe de ser agüilla.
  • Los niños de teta están más sanos. Sigue dándole y así no se pondrá malo.
  • Mira que catarro. Eso es que ha tomado poca teta.
  • No estás colocando bien la teta y por eso llora.
  • No tienes pezón para dar teta.
  • ¿No le das el pecho? Bueno, así lo puedes dejar el tiempo que quieras. No te necesita (con una semana de vida).
  • ¿No le das pecho? Eso es que no lo has intentado lo suficiente. Te has rendido muy pronto.
  • ¿Toma bibi? ¿Y eso? -con desprecio- (...) Aaaah. Pobrecita -con condescendencia-.
  • ¿Pero cómo es que no le das la teta? Será porque no puedes, ¿no? -con actitud acusatoria-.
  • Deberías dejar ya la teta. Se va a enganchar y luego no querrá comer nada, y se quedará muy pequeño.
  • ¿Hasta cuándo le piensas dar la teta? ¿No debería comer ya?
  • La teta está muy bien pero ya debería comer comida.
  • ¿Y las papillas para cuando? Se va a quedar desnutrido.
  • Con las verduras tienes que darle pollo. (Estas primerizas no se enteran).
  • Lo vistes muy mal, va como una niña.
  • ¿Es que no le piensas cortar el pelo? Parece un gitanillo.
  • Esa ropa le queda pequeña.
  • Tiene las uñas muy largas.
  • Pobrecito, mira como lo llevas.
  • La ropa hay que comprársela más grande, porque la hacen una talla más pequeña.
  • Ya era hora de que le cortaras el pelo, ahora parece de buena familia.
  • Eso es demasiado caro, total, para el tiempo que lo va a usar... ¿Tanto dinero te piensas gastar?
  • Bah, las sillas del coche son todas iguales y las hay por la mitad de precio.
Y haz esto así, y así no, y tú no sabes, y antes hacíamos las cosas de tal manera, y yo siempre he hecho tal cosa, y a mí me lo hicieron así y mira qué bien he salido... blablablabla culos y más culos.

Y a ti, ¿cuántas huchas te han enseñado? :)














jueves, 3 de marzo de 2016

10 cosas que debes saber sobre maternidad


Durante los últimos meses he reflexionado un poco sobre algunas de esas cosas que sólo la experiencia -bien propia o bien compartida- te enseña. A través de mis propias vivencias como madre y de las largas conversaciones con mis amigas mamás, he podido sacar en claro algunas cuestiones mayores que toda aquella mujer que desea ser madre debe saber, y que quizás -quizás- nadie le ha dicho todavía.

He recopilado una pequeña lista con 10 de esas cosas, para que no podáis decir que nadie os avisó :-P
Aquí van:

Ser madre...

  1. Está idealizado. Internet miente. Instagram maquilla. Tu vecina no cuenta toda la verdad. La maternidad 2.0 engaña más que una faja reductora. La maternidad real tiene una cara oscura, como la luna. Un lado feo, como el izquierdo de Belén Esteban. Hoy mi querida amiga Clau lo explicaba con estas palabras: "Todos aquellos que creen que la baja por maternidad y la maternidad en general son unas vacaciones para las madres, están muuuuy equivocados. Acabo en urgencias mínimo una vez por semana, todo lo que él pilla me lo pega a mí, pongo lavadoras a las 5am porque me quedo sin pijamas limpios de tanto vómito o caca en la misma noche, la casa ya está hecha un desastre menos de un día después de que la hayan dejado perfecta, duermo nada o menos, siento que me ha cogido la medida y es él quien manda, estoy desbordada y a punto del llanto. No, la maternidad no es un paseo. Debajo del postureo 2.0 hay muchas ojeras y muchas lágrimas, no siempre de alegría... Demos realidad a la aventura de tener un hijo." Y no le falta razón.
  2. Te hará llorar. Una madre llora en una cantidad variable comprendida entre "más de lo que lloraba antes" y "por cualquier cosa". Las hormonas, la empatía, la sensibilidad a flor de piel, la frustración y la impotencia, la culpa y el miedo, el agotamiento, la rabia... También lloran por cosas buenas... De emoción pura, orgullo y satisfacción (como el Rey) y alegría. Las madres lloran. Mucho.
  3. Acabará con tu capacidad real de desconectar. Ni aunque consigas plaza en la mejor guardería de la ciudad cuando te reincorpores al trabajo, ni si se lo dejas a los abuelos el finde para hacer una escapada romántica con tu pareja (lol), ni siquiera aunque consiguieras que la mismísima Mary Poppins en persona viniera a cuidarte al bebé mientras sales a cenar y al cine... Siempre, siempre, quedará un resquicio en tu cabeza dedicado al temor y la duda sobre el bienestar de tu prole. La desconexión real, 100% se acabó para siempre. 
  4. Te hará envejecer. El cuerpo y la mente. Lo primero porque el embarazo, el parto y el poco tiempo disponible de después causarán estragos en tu figura. Las "mamá milagro" existen, sí, pero que no te engañen; son más difíciles de ver que el lince ibérico. Lo segundo, porque te descubrirás a ti misma con pensamientos y frases de madre chapada a la antigua total, vamos, que poco te falta para que salga de tu boca un "ni por favor ni por favora".
  5. Te hará perder amigos. Dicen que uno sabe quiénes son los amigos de verdad en los momentos difíciles, y yo digo que es después de parir. Date tiempo, las amigas del alma solteras y sin compromisos familiares desaparecerán conforme vayan descubriendo lo "aburrida" que se ha vuelto tu vida ahora que eres madre y lo poco que os queda en común.
  6. Perjudicará tu vida social. Porque no tendrás tiempo para quedar con aquellos amigos que no hayan huido, o estarás muy cansada, o tendrás al peque malito, o el plan que ellos proponen no es compatible con un bebé y tú no estás preparada para dejarlo todavía.
  7. Perjudicará tu carrera profesional. No nos engañemos; la conciliación real en España no existe.
  8. Te hará perder la intimidad con tu pareja. Porque ocupará vuestra mente, vuestro tiempo y a lo mejor también vuestra cama durante buena parte del día y la noche. Y, cuando no lo haga, todavía tendréis que trabajar, comer, asearos y ya si eso dormir. 
  9. Te hará perder la intimidad, en general. Intimidad para hacer cosas tan cotidianas como ir al wc, ducharte o sacarte un moco tranquilamente. Olvídate. 
  10. Es lo más difícil que has hecho nunca. Y además no tendrás ninguna garantía de estar haciéndolo bien.
Pero, ser madre...
  1. Te pondrá los pies en la tierra. Porque serás más responsable y sensata de lo que eras, aprenderás a priorizar y a pensar bien las cosas antes de actuar. Simplemente, porque habrá alguien ahí que dependerá completamente de ti y que, además, será más importante que tú misma, y eso aterriza a cualquiera.
  2. Te hará reír de pura felicidad. No conocerás esa felicidad, esa plenitud y ese amor, hasta que no seas madre. Se siente ;-)
  3. Te volverá más paciente, generosa y agradecida. Los niños son unos entrenadores fantásticos porque saben ser auténticos tocanarices, y aguantar eso fortalece la paciencia de cualquiera. Además, te acostumbrarás a dar y dar, sin esperar nada o muy poco, lo que desarrollará tu generosidad y, al mismo tiempo, tu gratitud por cualquier cosa.
  4. Te hará ser respetada. Aún cuando seas joven, siendo madre ya no serás vista como una cría por la gente (excepto por tu madre, que siempre te verá -claro- como su niña), sino que se te atribuirá cierta madurez y experiencia que hará que te ganes el respeto de algunas personas. También te tratarán se "señora", eso sí, pero no me extenderé en ello porque estamos en la lista de cosas positivas.
  5. Te hará ganar hermanas. Conocerás y establecerás vínculos extraños y preciosos con otras madres, que te entenderán como si fueran tus hermanas siamesas, sacarán siempre un ratito de su escaso tiempo para escuchar tus miserias diarias y te aconsejarán con la sabiduría del que ha pasado por lo mismo. Y os reiréis. Mucho. *
  6. Te dará una razón para levantarte cada mañana. No tendrás ni que pensarlo. Y si, como es mi caso, tienes la suerte de que su dulce carita sea lo primero que ves al abrir los ojos, entonces te aseguro que, aunque hayas dormido poco y mal, serán los despertares más felices de tu vida.
  7. Reforzará tus capacidades multitarea y tu eficiencia. Porque acumularás horas y horas de experiencia encargándote de todo tú sola y en tiempo récord. Qué remedio.
  8. Te hará ganar complicidad con tu pareja. Incluso aunque el nacimiento de un hijo complique mucho las relaciones de pareja -que lo hace-, bastará con que contempléis durante unos instantes a la personita que habéis creado -y estáis criando- juntos para que recobréis la complicidad. 
  9. Te hará ganar una intimidad preciosa con tu bebé. A veces, mi pequeño me mira fijamente, con sus pupilas dilatadas. Me observa y me habla despacito, reservándome su balbuceo más dulce. Y me acaricia. A veces le respondo, o le canto, y me sonríe, y os prometo que siento como si me comprendiera. Y es un entendimiento profundo. Y luego me lo como a besos. No hay nada mejor en el mundo.
  10. Es lo más grande que harás en tu vida. Y merece la pena. Y tanto que sí.
*Patrocinado por Marina, Clau, Cris, Maca y Carmen. Os quiero.