miércoles, 4 de mayo de 2016

Maternidad: ¿Qué se necesita realmente?

Volumen I. La alimentación del bebé durante los primeros 6 meses.


 A las mamás y futuras mamás nos bombardean continuamente con miles de objetos y productos supuestamente necesarios para criar a un bebé. Esto es lógico, claro; teniendo en cuenta que la prioridad principal de cualquier mamá que se precie es brindar a su bebé los mejores cuidados posibles, si hacemos creer a una madre -especialmente una primeriza- que necesita esto y aquello, los bebés se convierten en un negocio muy rentable.

Animada por algunas de mis amigas embarazadas (siento el retraso), escribo esta entrada con la intención, a través de mi propia experiencia, de derribar algunos mitos y ofrecer orientación en torno a la verdadera utilidad de algunos productos.

Siendo este un tema inabarcable para una sola entrada, he decidido dividirlo en varias categorías y edades. Empezaré con la alimentación. 

Para saber qué necesitará para alimentar a su bebé, lo primero que una madre debe preguntarse es qué tipo de alimentación desea ofrecerle:

- Lactancia materna (en adelante, LM): Aquí podría explayarme, pero he decidido que escribiré una entrada dedicada exclusivamente a la LM en otra ocasión, por lo que intentaré ser breve.



¿Qué necesitas?

  1. Tetas. Grandes, pequeñas, bonitas, feas, bien puestas, caídas, naturales, de silicona... todas valen. Con sus correspondientes pezones. Si los tienes turgentes: felicidades. Quizás hayas pasado algún que otro apuro cuando ibas ligera de ropa y hacía frío, pero la lactancia te resultará bastante más fácil. Si los tienes planos, ármate de valor. El bebé terminará sacándolos, pero quizás necesites algún truquillo mientras tanto (pezoneras, sacaleches...)
  2. Paciencia. En ocasiones, algo tan natural como dar el pecho a tu hijo puede ser tremendamente difícil. Ambos, bebé y mamá, tenéis ese instinto, pero deberéis aprender juntos a desarrollarlo con éxito, y a veces se requiere tiempo. Vas a necesitar mucha paciencia. Tranquila, verás que, cuando le cojáis el truco, es pan comido.
  3. Seguridad en ti misma. En determinados momentos, dudarás de tu capacidad para lactar. ¿Me ha subido ya la leche? ¿Está mi bebé comiendo lo suficiente? ¿Es buena mi leche? ¿Se estará quedando con hambre?¿Lo estoy haciendo bien?... Las inseguridades te pueden jugar una mala pasada. Hazme caso: eres perfectamente capaz de amamantar a tu bebé. Eres un mamífero, no hay vuelta de hoja. Recuerdo a mi perra, Tula. Tula tuvo, a lo largo de su vida, varias camadas de 18 ó 20 cachorros. ¡Una barbaridad! Bueno, pues no veías a Tula dudar acerca de su capacidad para darles de mamar, créeme: Ese miedo es exclusivamente humano. Tu leche es buena, es suficiente y, si la ofreces a demanda (cada vez que te parezca que tu bebé puede tener hambre), éste mamará todo cuanto necesite él solito.
  4. Intimidad. Sobre todo al principio, necesitareis tranquilidad. Mucha. Nada de abuelas, tías, primas, amigas o vecinas pululando alegremente alrededor, observando como intentas introducir apurada el pezón en la boca del bebé y que si no lo coge porque no lo estás haciendo bien, que si esa postura no es correcta, que si tienes que ponerte así o asá, que si no tienes pezón, que si se está quedando con hambre, que si otra vez le vas a dar de mamar... blablablabla Matadme. Si queréis mi consejo: ni siquiera las enfermeras. Busca intimidad. Busca el lugar, la postura y la compañía que más tranquilidad y seguridad os den a tu pequeño y a ti, y a poneos a ello. Dedícale todo el tiempo que necesites a esa tarea. Créeme, no tienes NADA más importante que hacer ahora. Los paseos pueden esperar. Los baños pueden esperar. Las visitas, YA TE DIGO YO que pueden esperar. Prueba una y mil veces hasta que des con la tecla que os funcione a vosotros dos. Y si crees que necesitas ayuda, entonces pídela. Hay asesoras de lactancia voluntarias o, si saben lo que hacen, familiares, amigas y enfermeras que te ayudarán encantadas, pero que sea cuando tú se lo pidas. 
¿Qué te puede venir bien?

  1. El libro "Un regalo para toda la vida", de Carlos González. Te recomiendo que lo leas durante tu embarazo, aprenderás muchas cosas.
  2. Un sacaleches. Yo uso el eléctrico de Medela, pero los hay manuales y de todos los tipos y marcas. Lo necesitarás si tienes que volver pronto al trabajo pero tienes la intención de continuar dándole el pecho a tu bebé. También te puede venir bien si, como es mi caso, te duelen mucho los pechos o los pezones las primeras semanas (yo tenía grietas y el dolor era muy intenso, de modo que a veces me sacaba la leche para poder darle de comer a Max). Si congelas la leche, te vendrán bien las bolsitas especialmente indicadas para ello.
  3. Pomada para los pezones. Sólo si tienes heridas. Yo usé Purelán, de Medela. Pero también me untaba en el pezón tras cada toma unas gotas de mi propia leche, que ayuda a cicatrizar. *
  4. Sujetador de lactancia. O al menos alguno muy flexible, porque créeme, el movimiento de tirar del sujetador hacia abajo y descubrirte la teta va a ser el que más realices en los próximos meses.
  5. Collar de lactancia. Al principio no, pero a partir de los dos o tres meses, tu bebé se aburrirá mientras come y comenzará a explorar alrededor. Eso implicará tirones de pelo, botones y ropa, arañazos y pellizcos. El collar te vendrá bien para evitar o minimizar todo lo anterior.
  6. Vitaminas. Yo terminé la caja de vitaminas del embarazo y comencé a tomar unas para lactancia (yo tomo natalben). No sé si tendrá algo que ver, pero no he sufrido la típica caída de pelo postparto, y no tengo falta de calcio, ni anemia mientras tomo las vitaminas (dolencias éstas comunes entre madres lactantes).
*Me dicen por el pinganillo que ambas cosas ya están desaconsejadas: por lo visto, la leche materna, como organismo vivo que es, podría infectar una herida si la aplicamos en las grietas del pezón. La pomada ni idea de por qué. Yo sólo transmito, esto no es mi opinión, ojo.

¿Qué no necesitas?
  1. Biberones. Parece obvio, pero no lo es. Podrías preguntarte, si te sacas la leche, ¿cómo se la das al bebé sin un biberón? Pues la respuesta es: en vaso. Los bebés beben en vaso mejor de lo que pensamos. Hay quien prefiere usar una cucharilla. Perfecto. O incluso jeringuillas (sin la aguja, EVIDENTEMENTE). En cualquier caso, ten presente una cosa: si le das biberón a tu bebé en sus primeros meses, mientras aún no es un experto en la materia (sí, se vuelven expertos en el arte de mamar, como en cualquier otra cosa), es posible que después no se agarre bien a tu pecho. Y es que no se mama igual un pecho que una tetina, y esa diferencia puede desorientar al bebé. Además, puede que se acostumbre a comer sin el trabajo que requiere mamar (el biberón es más fácil) y luego no quiera hacer el esfuerzo. Yo cometí el error de darle biberones y al volver a darle el pecho, las grietas empeoraban por su mal agarre.
  2. Esterilizador. Si no usas biberones, tampoco necesitas esterilizarlos. Si quieres esterilizar cualquier otro objeto que hayas utilizado, siempre puedes usar el lavavajillas (si el objeto es apto, ojo) o hervirlo. De todas formas, tampoco te vuelvas loca. Mi madre me contagió un poco su neura y teníamos el cazo todo el día al fuego. Como primeriza, te pasarás los primeros meses del bebé obsesionada con los virus y microbios. Higiene, por supuesto, pero no intentes meter al bebé en una burbuja: Relájate un poco.
  3. Pezonera. Hay a quienes les gusta. No es mi caso. Conozco a algunas mamás que la han usado las primeras semanas, por el dolor de las grietas, o por tener los pezones planos. Yo las probé, y las encontré incómodas, demasiado grandes, e incluso peligrosas (en varias ocasiones se me despegaron y se las tuve que sacar al niño de la boca). Si las usas, llénalas antes de leche para animar al bebé a succionar.
  4. Camisón de lactancia. Chorradas. Un pijama abotonado y vas que chutas.
  5. Cojín de lactancia. Cualquier cojín o almohadón te puede servir en realidad. Yo tengo un cojín de lactancia que es como un gusano enorme, y lo he usado muchísimo, pero no para dar el pecho. Lo usaba para dormir cuando estaba embarazada, para "proteger" al bebé cuando empezamos a colechar y tenía miedo de aplastarlo, para evitar que se cayera de la cama y, últimamente, lo pongo alrededor de la alfombra por si se tira de espaldas que no se golpee la cabeza. En definitiva: como cualquier otro cojín.
- Leche de fórmula. No sé mucho sobre el tema, honestamente. Imagino que tu pediatra te guiará en cuanto a marcas, cantidad, frecuencia, etc.


Algunas de mis amigas dan biberón, y me han aconsejado lo siguiente:

¿Qué necesitas?
  1. Biberones: Al menos, dos. Tomme Tippee, Suavinex, Nuk, Dr. Brown (si tiene muchos gases...) la marca la encontrarás probando, porque a cada bebé le puede gustar una tetina diferente. 
  2. Dosificador: Un básico.
  3. Varilla: Para limpiar los biberones.
¿Qué te puede venir bien?

  1. Termo. Para no tener que levantarte en las tomas nocturnas a preparar el biberón.
  2. Collar de lactancia. Te puede pasar lo mismo dando el biberón que el pecho, en este caso.
¿Qué no necesitas?
  1. Esterilizador. Si lo tienes, lo usarás más que si das el pecho, claro. Pero siempre te puedes hacer con un recipiente especial para microondas (en Mercadona los tienes por unos 15 euros).
  2. Cojín de lactancia. Exactamente igual que si das el pecho.
Por supuesto y, como siempre, todo esto está basado en mi experiencia, pero puede variar perfectamente de una persona a otra. Espero, de todas formas, que os sirva de ayuda. Por favor, no dudéis en compartir vuestros trucos o experiencia; será un placer leeros.
¡Hasta la próxima!

miércoles, 16 de marzo de 2016

Opiniones y culos

Dicen por ahí que las opiniones son como los culos: todo el mundo tiene una. Además, al igual que pasa con los culos, unas opiniones resultan más agradables que otras y algunas, apestan.

Sin embargo, el culo normalmente lo llevamos a cubierto, guardándolo para nosotros o para aquellas ocasiones en que la situación requiera mostrarlo. Las opiniones no. Opinar es gratis y en eso somos todos muy españoles (si es gratis, pues venga, por qué no) y muy cuñados (mi opinión es la verdad y esta gente necesita oírla).


Dejadme que os diga una cosa: en cuestiones de maternidad, una opinión ajena no solicitada es como la hucha del albañil barrigudo y sudado que asoma sobre el pantalón reventón. Eso es así. Incluso cuando sean "bienintencionadas", cuidado.  Si estamos hablando de una mujer que acaba de dar a luz, cuyas hormonas están revolucionadas, que está exhausta, que se cuestiona, que duda, que se siente abrumada... O bien una mamá de uno o más hijos algo mayores, que lleva mucho tiempo sin dormir, trabajando duro, haciendo lo que puede como mejor sabe, tu opinión bienintencionada es un culo peludo, de esos que le cortan el rollo a cualquiera. En serio.

El 80% de las veces, esa opinión, comentario u observación "bienintencionado" con el que sólo querías "ayudar" será interpretado como un cuestionamiento o una crítica ("o sea, que lo estoy haciendo fatal"), un 10% con indiferencia ("lo que tú digas, pero yo seguiré haciéndolo igual"), un 5% con humor (qué gracioso...) y un 5% con aceptación ("ah, pues no lo había pensado así, lo cambiaré..."). Créeme, no merece la pena el riesgo. Mi consejo es que des tu opinión sólo cuando te la pidan y, aún en esos casos, seas cauto. Aunque todo esto, claro está, es sólo mi opinión :) que, aunque algo más grande después del parto, os aseguro que está limpia y suave :p

No quisiera terminar esta entrada sin añadir, a modo de ilustración, algunas opiniones y comentarios con los que amigas mías -y yo misma- hemos sido premiadas desde que dimos a luz. Todas ellas, por supuesto, observaciones hechas con mucho cariño y la mejor de las intenciones:
(Los ejemplos a continuación están centrados en la alimentación, pero hay de todo)

  • La teta ya no le vale, necesita más comida. Está todo el día en la teta.
  • ¿Ooooootra veeez le vas a dar de comer? Si no tiene hambre, te usa de chupete... -con suficiencia.
  • Tu leche debe de ser agüilla.
  • Los niños de teta están más sanos. Sigue dándole y así no se pondrá malo.
  • Mira que catarro. Eso es que ha tomado poca teta.
  • No estás colocando bien la teta y por eso llora.
  • No tienes pezón para dar teta.
  • ¿No le das el pecho? Bueno, así lo puedes dejar el tiempo que quieras. No te necesita (con una semana de vida).
  • ¿No le das pecho? Eso es que no lo has intentado lo suficiente. Te has rendido muy pronto.
  • ¿Toma bibi? ¿Y eso? -con desprecio- (...) Aaaah. Pobrecita -con condescendencia-.
  • ¿Pero cómo es que no le das la teta? Será porque no puedes, ¿no? -con actitud acusatoria-.
  • Deberías dejar ya la teta. Se va a enganchar y luego no querrá comer nada, y se quedará muy pequeño.
  • ¿Hasta cuándo le piensas dar la teta? ¿No debería comer ya?
  • La teta está muy bien pero ya debería comer comida.
  • ¿Y las papillas para cuando? Se va a quedar desnutrido.
  • Con las verduras tienes que darle pollo. (Estas primerizas no se enteran).
  • Lo vistes muy mal, va como una niña.
  • ¿Es que no le piensas cortar el pelo? Parece un gitanillo.
  • Esa ropa le queda pequeña.
  • Tiene las uñas muy largas.
  • Pobrecito, mira como lo llevas.
  • La ropa hay que comprársela más grande, porque la hacen una talla más pequeña.
  • Ya era hora de que le cortaras el pelo, ahora parece de buena familia.
  • Eso es demasiado caro, total, para el tiempo que lo va a usar... ¿Tanto dinero te piensas gastar?
  • Bah, las sillas del coche son todas iguales y las hay por la mitad de precio.
Y haz esto así, y así no, y tú no sabes, y antes hacíamos las cosas de tal manera, y yo siempre he hecho tal cosa, y a mí me lo hicieron así y mira qué bien he salido... blablablabla culos y más culos.

Y a ti, ¿cuántas huchas te han enseñado? :)














jueves, 3 de marzo de 2016

10 cosas que debes saber sobre maternidad


Durante los últimos meses he reflexionado un poco sobre algunas de esas cosas que sólo la experiencia -bien propia o bien compartida- te enseña. A través de mis propias vivencias como madre y de las largas conversaciones con mis amigas mamás, he podido sacar en claro algunas cuestiones mayores que toda aquella mujer que desea ser madre debe saber, y que quizás -quizás- nadie le ha dicho todavía.

He recopilado una pequeña lista con 10 de esas cosas, para que no podáis decir que nadie os avisó :-P
Aquí van:

Ser madre...

  1. Está idealizado. Internet miente. Instagram maquilla. Tu vecina no cuenta toda la verdad. La maternidad 2.0 engaña más que una faja reductora. La maternidad real tiene una cara oscura, como la luna. Un lado feo, como el izquierdo de Belén Esteban. Hoy mi querida amiga Clau lo explicaba con estas palabras: "Todos aquellos que creen que la baja por maternidad y la maternidad en general son unas vacaciones para las madres, están muuuuy equivocados. Acabo en urgencias mínimo una vez por semana, todo lo que él pilla me lo pega a mí, pongo lavadoras a las 5am porque me quedo sin pijamas limpios de tanto vómito o caca en la misma noche, la casa ya está hecha un desastre menos de un día después de que la hayan dejado perfecta, duermo nada o menos, siento que me ha cogido la medida y es él quien manda, estoy desbordada y a punto del llanto. No, la maternidad no es un paseo. Debajo del postureo 2.0 hay muchas ojeras y muchas lágrimas, no siempre de alegría... Demos realidad a la aventura de tener un hijo." Y no le falta razón.
  2. Te hará llorar. Una madre llora en una cantidad variable comprendida entre "más de lo que lloraba antes" y "por cualquier cosa". Las hormonas, la empatía, la sensibilidad a flor de piel, la frustración y la impotencia, la culpa y el miedo, el agotamiento, la rabia... También lloran por cosas buenas... De emoción pura, orgullo y satisfacción (como el Rey) y alegría. Las madres lloran. Mucho.
  3. Acabará con tu capacidad real de desconectar. Ni aunque consigas plaza en la mejor guardería de la ciudad cuando te reincorpores al trabajo, ni si se lo dejas a los abuelos el finde para hacer una escapada romántica con tu pareja (lol), ni siquiera aunque consiguieras que la mismísima Mary Poppins en persona viniera a cuidarte al bebé mientras sales a cenar y al cine... Siempre, siempre, quedará un resquicio en tu cabeza dedicado al temor y la duda sobre el bienestar de tu prole. La desconexión real, 100% se acabó para siempre. 
  4. Te hará envejecer. El cuerpo y la mente. Lo primero porque el embarazo, el parto y el poco tiempo disponible de después causarán estragos en tu figura. Las "mamá milagro" existen, sí, pero que no te engañen; son más difíciles de ver que el lince ibérico. Lo segundo, porque te descubrirás a ti misma con pensamientos y frases de madre chapada a la antigua total, vamos, que poco te falta para que salga de tu boca un "ni por favor ni por favora".
  5. Te hará perder amigos. Dicen que uno sabe quiénes son los amigos de verdad en los momentos difíciles, y yo digo que es después de parir. Date tiempo, las amigas del alma solteras y sin compromisos familiares desaparecerán conforme vayan descubriendo lo "aburrida" que se ha vuelto tu vida ahora que eres madre y lo poco que os queda en común.
  6. Perjudicará tu vida social. Porque no tendrás tiempo para quedar con aquellos amigos que no hayan huido, o estarás muy cansada, o tendrás al peque malito, o el plan que ellos proponen no es compatible con un bebé y tú no estás preparada para dejarlo todavía.
  7. Perjudicará tu carrera profesional. No nos engañemos; la conciliación real en España no existe.
  8. Te hará perder la intimidad con tu pareja. Porque ocupará vuestra mente, vuestro tiempo y a lo mejor también vuestra cama durante buena parte del día y la noche. Y, cuando no lo haga, todavía tendréis que trabajar, comer, asearos y ya si eso dormir. 
  9. Te hará perder la intimidad, en general. Intimidad para hacer cosas tan cotidianas como ir al wc, ducharte o sacarte un moco tranquilamente. Olvídate. 
  10. Es lo más difícil que has hecho nunca. Y además no tendrás ninguna garantía de estar haciéndolo bien.
Pero, ser madre...
  1. Te pondrá los pies en la tierra. Porque serás más responsable y sensata de lo que eras, aprenderás a priorizar y a pensar bien las cosas antes de actuar. Simplemente, porque habrá alguien ahí que dependerá completamente de ti y que, además, será más importante que tú misma, y eso aterriza a cualquiera.
  2. Te hará reír de pura felicidad. No conocerás esa felicidad, esa plenitud y ese amor, hasta que no seas madre. Se siente ;-)
  3. Te volverá más paciente, generosa y agradecida. Los niños son unos entrenadores fantásticos porque saben ser auténticos tocanarices, y aguantar eso fortalece la paciencia de cualquiera. Además, te acostumbrarás a dar y dar, sin esperar nada o muy poco, lo que desarrollará tu generosidad y, al mismo tiempo, tu gratitud por cualquier cosa.
  4. Te hará ser respetada. Aún cuando seas joven, siendo madre ya no serás vista como una cría por la gente (excepto por tu madre, que siempre te verá -claro- como su niña), sino que se te atribuirá cierta madurez y experiencia que hará que te ganes el respeto de algunas personas. También te tratarán se "señora", eso sí, pero no me extenderé en ello porque estamos en la lista de cosas positivas.
  5. Te hará ganar hermanas. Conocerás y establecerás vínculos extraños y preciosos con otras madres, que te entenderán como si fueran tus hermanas siamesas, sacarán siempre un ratito de su escaso tiempo para escuchar tus miserias diarias y te aconsejarán con la sabiduría del que ha pasado por lo mismo. Y os reiréis. Mucho. *
  6. Te dará una razón para levantarte cada mañana. No tendrás ni que pensarlo. Y si, como es mi caso, tienes la suerte de que su dulce carita sea lo primero que ves al abrir los ojos, entonces te aseguro que, aunque hayas dormido poco y mal, serán los despertares más felices de tu vida.
  7. Reforzará tus capacidades multitarea y tu eficiencia. Porque acumularás horas y horas de experiencia encargándote de todo tú sola y en tiempo récord. Qué remedio.
  8. Te hará ganar complicidad con tu pareja. Incluso aunque el nacimiento de un hijo complique mucho las relaciones de pareja -que lo hace-, bastará con que contempléis durante unos instantes a la personita que habéis creado -y estáis criando- juntos para que recobréis la complicidad. 
  9. Te hará ganar una intimidad preciosa con tu bebé. A veces, mi pequeño me mira fijamente, con sus pupilas dilatadas. Me observa y me habla despacito, reservándome su balbuceo más dulce. Y me acaricia. A veces le respondo, o le canto, y me sonríe, y os prometo que siento como si me comprendiera. Y es un entendimiento profundo. Y luego me lo como a besos. No hay nada mejor en el mundo.
  10. Es lo más grande que harás en tu vida. Y merece la pena. Y tanto que sí.
*Patrocinado por Marina, Clau, Cris, Maca y Carmen. Os quiero.



lunes, 15 de febrero de 2016

Viajar con un bebé. Parte I

A primeros de febrero tuvimos ocasión de volar por primera vez con el pequeño Max.
En el momento del vuelo, contaba con 5 meses y 1 semana de vida, y el vuelo que elegimos para la ocasión fue un  Barcelona-Granada, de aproximadamente 1 hora y 10 minutos de duración total.

Hace unos meses, cuando cumplió 3, nos planteamos la posibilidad de hacer un viaje con él. Debido a mi profesión, estoy acostumbrada a ver bebés muy pequeños en los aviones, además de compañeros de trabajo que embarcan a sus hijos a edades realmente muy tempranas, por lo que empecé a entusiasmarme con la idea de llevar a mi familia a Nueva York. Pero en seguida recapacité, y decidí no hacerlo.

Las razones que me llevaron a ello fueron varias, pero, fundamentalmente, me motivó el hecho de que sé perfectamente que un avión no es lugar para un bebé tan pequeño: sus oídos sufrirán, aunque no lo exteriorice con llanto -que probablemente lo hará- sus ritmos se verán alterados, y las condiciones de presión, sequedad del ambiente, etc. le afectarán seguro. Y, si hay algo que tengo claro, es que mi bebé no tiene ninguna necesidad de ir a Nueva York, a los 3 ni a los 6 meses. Y, sencillamente, es un tema con el que no quiero ser egoísta. Y es que un bebé, ¡como en casa no está en ningún sitio!






Esta vez, sin embargo, la cosa cambiaba: mi bebé es un par de meses mayor que entonces y, aunque aún sería, a mi juicio, pronto para un vuelo de larga distancia, se trataba de un vuelo cortito.

Fue un viaje muy improvisado, lo cual es absolutamente desaconsejable si viajas con niños, pero nos surgió la oportunidad de manera inesperada y pensamos que era buena idea aprovechar la ocasión para que Max conociese a sus bisabuelas, que viven en un pueblo de Ganada y están ya mayores.

El vuelo de ida fue maravilloso: el niño se lo pasó en grande, excitado ante tanta novedad, y estuvo sociable y tranquilo todo el trayecto.



La vuelta fue otra historia diferente: además del cansancio acumulado esos 3 días, debido a los cambios de horarios y ambientes, el ajetreo y la actividad, el vuelo de vuelta sí afectó a sus tiernos oídos, y se pasó llorando desconsoladamente todo el descenso, hasta que, ya en aproximación, conseguí calmarlo y dormirlo.

Con todo, considero que el viaje en su conjunto resultó una experiencia positiva de la que no me arrepiento, si bien nos enseñó algunas cosas, principalmente errores, que imagino que con el tiempo y la práctica conseguiremos ir evitando. Además, ahora entiendo completamente el estrés de las familias que viajan con bebés, y las mamás que viajan solas con sus hijos me parecen auténticas heroínas.

Aquí os dejo algunos consejos, basados en esta experiencia, por si os estáis planteando viajar con vuestro bebé:

  1. Si no es absolutamente necesario, no vueles. Esto no es tan radical como parece... No quiero decir que uno coja sólo el avión en caso de emergencias y necesidad extrema. A lo que me refiero es más bien a que pienses dos veces la necesidad real de ese viaje (como hice yo con NYC), y explores con cuidado todas las posibles opciones de transporte. Trabajando en aviación, parece que tirase piedras sobre mi propio tejado, pero no es así. De momento, lamentablemente y como todo el mundo sabe, ni los aeropuertos, ni los aviones en sí -independientemente de la compañía- son muy amigos de las familias con niños pequeños. Es cierto que son más rápidos, y eso viajando con niños siempre es una ventaja, pero recomiendo que valores con detenimiento los pros y contras, porque volar no es un juego de niños.
  2. Si decides coger el avión, que el viaje sea lo más corto posible (que la duración del vuelo sea directamente proporcional a la edad del bebé). Si el destino no es un problema, entonces te recomiendo que elijas siempre un destino cercano. A medida que el bebé crezca, podrás ir explorando un poquito más allá.
  3. Viaja con el menor número de bultos posible. Esto parece una obviedad, pero créeme, no lo es. Y es que, a pesar de que sepamos que hemos de ir ligeros y lo intentemos, viajando con niños siempre iremos demasiado cargados. Si el control de seguridad del aeropuerto es un tostón en condiciones normales, viajando con un bebé es un auténtico poema. Nosotros pensábamos que íbamos ligeros de equipaje, hasta que me vi a mí misma poniendo en la cinta de seguridad nuestra maleta de cabina, la del bebé, mi bolso, el bolso del carro, los abrigos, mis botas, las dos piezas del cochecito (que no atinaba a plegar), mientras mi pareja pasaba dos veces por el detector con el bebe en brazos y el pantalón medio caído, y se nos formaba detrás una cola de 6 sillas de ruedas y, por si fuera poco, el guardia me echaba de manera condescendiente la bronca  porque ese ya no es el filtro por el que teníamos que haber pasado (aunque otro guardia me había dicho previamente que pasáramos por allí). Una vez nos recompusimos y llegamos a la puerta de embarque, descubrimos que el avión se encontraba en un parking remoto, y que teníamos que bajar unas escaleras de caracol para poder subir al autobús que nos llevaría hasta el avión. Mi pareja con el cochecito (bebé incluido) en volandas y yo con las dos maletas y los dos bolsos escaleras abajo. ¿Imagináis qué hubiera pasado de haber viajado sola con el bebé? Exacto; jamás habría llegado al autobús.
  4. Sustituye el cochecito por una silla ligera o una mochila. Si porteas a tu bebé regularmente, entonces tienes mucho ganado a la hora de viajar. Sin embargo, si normalmente lo llevas en el cochecito -como es nuestro caso- procura hacerte, si el bebé tiene la edad apropiada, con una de esas maravillosas y ultraligeras sillas que se pliegan hasta ocupar lo que un bolso de mano. Existen, las he visto, y pienso hacerme con una para la próxima vez sin dudarlo.
  5. Ve con tiempo. Si eres de esas personas que suelen llegar los primeros a todas partes y se presentan siempre media hora antes de su cita: enhorabuena, viajar con un bebé no te supondrá un gran problema en este sentido. Si eres una persona normal, puntual +- 5 minutos, ojo: calcula siempre los tiempos dejando entre media y una hora más de margen del habitual. Si eres impuntual, márcatelo a fuego: como no dejes un margen de 2 ó 3 horas en tus cálculos, vas a perder más aviones que pelo después del parto. Nosotros fuimos bien de tiempo al aeropuerto, salimos justos del control de seguridad y llegamos por los pelos a la puerta de embarque. Es así.
  6. Consulta al pediatra antes del vuelo. Pregúntale si lo ve contraproducente teniendo en cuenta el destino y la edad del niño, pídele recomendaciones (protector solar, alimentación, vacunas, botiquín de viaje...) y resuelve dudas (por ejemplo, ¿le doy antiinflamatorio para los oídos? tiene mocos, ¿cancelo el vuelo?... )
  7. Procura que, especialmente en despegues y aterrizajes, el bebé vaya dormido o succionando (ya sea pecho, biberón, o chupete). Esto es un básico indiscutible. Sus oídos te lo agradecerán, y los pasajeros vecinos también. Si, a pesar de todo, le duelen, paciencia, realmente no hay mucho que puedas hacer (de ahí mis recomendaciones de pensártelo bien antes). Si detectas que le duelen con tiempo, díselo a las auxiliares, quizás aún puedan pedir a los pilotos que, si es que pueden, bajen antes (y, en consecuencia, más despacio).
  8. Deja todos los aspectos del viaje lo más atados posible. Billetes de avión, reservas de hotel, coche, autobuses o trenes, itinerarios y actividades, horarios, paradas para descansar... todo. No dejes nada a la improvisación, pero prepárate para tener que improvisar en cualquier momento.
  9. Hospédate en un lugar cómodo. Si alguna vez lo fuiste, tus tiempos de mochilero acabaron. Ya no sois una joven pareja de viajeros; cuando dejéis vuestros comentarios en tripadvisor marcaréis la casilla "familia con niños pequeños". Sed consecuentes con este punto: Por más hippies que seáis, necesitaréis un lugar cómodo y confortable para descansar. Nosotros no solíamos invertir mucho en el alojamiento; en nuestros viajes buscábamos buena ubicación al menor precio posible. Limpio y con baño privado eran todas mis exigencias. "Total, sólo vamos a estar en la habitación para dormir". Desde que tenemos a Max las tornas han cambiado: pasamos bastante más tiempo en la habitación, y buscamos comodidad y calidad. Como la limpieza y la ubicación siguen siendo un must, todo esto se traduce en una inevitable subida de precio. Pero os aseguro que es una inversión que agradeceréis; con el peque el "todo vale" ya no vale. Nosotros nos hospedamos en el Hotel Carmen, pero no quedamos satisfechos, por lo que nos cambiamos al Leo Room Mate. ¡Lo recomiendo mucho! 
  10. Sé paciente y mantén la calma. Habrá momentos de estrés (los traslados, el control de seguridad, el vuelo...) Es posible que a tu bebé le cueste dormirse en el avión (y ya sabemos como se las gasta un bebé con sueño), que se haya hecho caca justo cuando no puedes levantarte para ir a cambiarlo y esté incómodo, que el avión le dé gases, o que le duelan lo oídos. Todo esto puede acabar con un bebé llorando a pleno pulmón, unos pasajeros molestos y unos padres muy nerviosos. Mantén la calma; los bebés lloran. Los pasajeros molestos lo superarán, no sufras por ellos. Tu bebé lo superará, no sufras por él. Pero si perdéis la calma entonces no habrá forma de hacerlo bien. Si la cosa se pone muy desagradable y puedes levantarte, quizás le alivie que lo pasees. Yo tuve que cogerlo en brazos, sentarme en un fila vacía y darle el pecho mientras le cantaba y mecía para conseguir dormirlo. Por fortuna, funcionó, y pude volver a mi asiento para el aterrizaje. Antes de eso había probado varias formas de entretenimiento que nos suelen funcionar bastante bien, pero ten en cuenta que si le duelen los oídos, insisto: hay poco que puedas hacer. De ahí mis recomendaciones 1, 2, 6 y 7.
De todas formas, no te desanimes, hay niños que ponen las cosas muy fáciles a la hora de viajar: duermen todo el tiempo. Si el tuyo es uno de esos, felicidades :-)

Estos son mis consejos, de momento, pero estaré encantada de leer los tuyos, si tienes algún truco que quieras compartir. 

¡Feliz semana!

jueves, 4 de febrero de 2016

10 cosas que toda madre debería escuchar

Ser madre es algo complicado. En ocasiones, demasiado. Y, sin embargo, mejor o peor, las madres de todo el planeta llevan milenios desempeñando esta difícil tarea con poco o ningún reconocimiento y con alguna que otra crítica.



En mi corta experiencia como mamá, ha habido frases que me han llegado al corazón, que han sido como un bálsamo y me han dado el coraje y la energía que necesitaba... Y otras que hubiera necesitado escuchar en un momento determinado, pero no ocurrió.

Siempre recordaré una noche, una semana después de nacer mi hijo, en la que, desesperada ante una lactancia que me estaba resultando en extremo desagradable, mi pareja me dijo: "Estás haciendo todo lo que puedes. Decide lo que quieres hacer, y yo te apoyaré. Si no puedes más, mañana mismo bajo a comprar una lata de leche. Diana, no tienes que demostrarle nada a nadie." Esa última frase me hizo tanto bien, que me dio la fuerza que necesitaba para seguir adelante con la lactancia. Porque es inevitable que una madre, sobre todo una primeriza, sienta presión, miedos de todo tipo y, aunque parezca obvio que no debería, se sienta juzgada continuamente. Queridas mamás, si no os lo han dicho ya: No tenéis que demostrarle nada a nadie.

Hace poco, esperando en la consulta de mi médica de cabecera, mi bebé estaba de cháchara y riendo, súper sociable, haciendo las delicias de todos los abuelos que se aburrían en la sala de espera. Uno de ellos decidió acercarse y, tras comentarme lo espabilado que estaba, me preguntó si tenía otros hijos. Al decirle que era el primero, me respondió: "Deberías tener más; los haces muy bien." :-)

Aquí os dejo un pequeño listado de las diez cosas que toda mamá debería escuchar, al menos de vez en cuando:


  1. Eres una buena madre. Porque lo eres, y te mereces que te lo digan alguna vez. Si antes dije que una madre se siente juzgada continuamente, es porque es continuamente juzgada. Pero la que más lo hace es ella misma. No te castigues más, mami... Como dice Lucía Be: Lo estás haciendo muy bien, coño.
  2. Gracias. Por todo lo que haces, por todo el amor, por todos los cuidados, por tu tiempo, por tu cuerpo, salud y belleza, por tus horas de sueño y de ocio, por tus esfuerzos y tus lágrimas, por tu intimidad, por tu carrera profesional. Por todos tus sacrificios. Gracias por todo.
  3. Estás preciosa. Una madre reciente (y no tan reciente) tendrá probablemente la autoestima por los suelos. Ya no está embarazada, pero aún no ha perdido todo el peso y, si lo ha hecho, su cuerpo no es el mismo que era. Su pelo ya no está radiante como en los meses de gestación; es más, se le ha caído y está sucio, porque lleva 3 días sin lavárselo. Tiene estrías en la barriga y los muslos y el pecho algo caído. Hace 6 meses que no se hace la manicura en condiciones, 4 que no va a la peluquería y lleva sólo media pierna depilada, porque el bebé se despertó a mitad del proceso. Tiene la piel reseca y le ha salido un "grano de regla" en la barbilla, aunque ésta aún no le ha bajado. Y las ojeras... No hablemos de las ojeras. Su "uniforme" diario es un pijama con manchas de leche, o unos leggins con agujeros en la entrepierna y una camiseta vieja, que a veces también usa de pijama. Su ropa no le sienta bien, y tampoco tiene tiempo de pensar qué ponerse. Una madre reciente (y no tan reciente) necesita que le digas que está guapa. Intenta que suene sincero... No se lo creerá, pero le gustará escucharlo igualmente.
  4. Deje que la ayude. Para entrar y salir de mi portal tengo que abrir 3 puertas. TRES. Os aseguro que tengo vecinos que se quedan tranquilamente plantados delante del ascensor mientras intento abrir las 3 puertas y atravesarlas con el cochecito del bebé y las bolsas del mercadona. Se quedan mirando, y sé que me ven porque a veces me dicen "hola", pero no se les pasa por la cabeza que a lo mejor me vendría bien que me abrieran, o me sujetaran la p**a puerta. Una mamá necesita escuchar "deje que la ayude", aunque luego responda "no se preocupe, gracias", cuando sube o baja del autobús, cuando entra y sale de algún lugar con puertas, cuando carga cosas... Ayúdala.
  5. Yo me encargo. En la línea del anterior, pero dirigido a familiares y amigos y, especialmente, al papá. Una madre lo intenta, pero no puede encargarse de todo ella sola. Esta vez, encárgate tú sin que ella te lo pida, anda.
  6. Se parece a ti. Ya sabes que tiene la misma cara que su padre, porque tienes ojos pero, aún así, la gente -todo el mundo- se encargará de recordártelo -todo el tiempo-. Por lo visto, los humanos tenemos una obsesión importante con los parecidos, es así. Una y otra vez, escucharás la consabida frase "se parece a". Conocidos y desconocidos se acercarán, lo observarán durante unos segundos y emitirán su juicio con resolución pasmosa, porque claro, todos estamos ansiosos esperando oírlo... Y aunque seas de esas personas que se lo toman bien, y empieces sonriendo y asintiendo, al final acabarás hasta el moño, sonriendo y asintiendo mientras piensas: "Muchas gracias por su perspicaz observación, señora de la cola del banco, sólo me lo habían dicho 5735 veces antes que usted". Y en fin, puestos a escucharlo, al menos alguien podría tener la decencia de mentir un poco. Al fin y al cabo lo has llevado muchos meses dentro, y lo has parido ¡Algo tuyo tendrá!
  7. Voy a lavarme las manos. Te puede parecer una gilipollez, pero la mamá -sobre todo la primeriza- respirará tranquila cuando sepa que la persona que está cogiendo en brazos a su pequeño y delicado recién nacido está libre de gérmenes. Es más, le ahorrarás el mal trago de tener que pedírtelo ella. 
  8. Tú sabes lo que es mejor para tu familia. Lactancia materna o artificial, cuna o colecho, guardería o abuelos, papillas o sólidos, brazos o no brazos, carrito o porteo... Cada maestrillo tiene su librillo. Tú sabes lo que es mejor para tu familia, y punto.
  9. Tómate la tarde libre. O la mañana. O -soñemos- el día. Este punto debe ir seguido del punto 5 para cobrar realismo. Porque aunque sea una súper heroína, de vez en cuando una mamá necesita dormir la siesta, o comer sentada y caliente, o darse una ducha relajante, o ir al baño sin interrupciones, o hacerse la manicura, arreglarse el pelo y afeitarse la otra media pierna. O salir a tomar algo con las amigas aunque se pase la tarde mirando el móvil para ver que está todo bien.
  10. El despertador. No es broma. Una mamá necesita escuchar el despertador, porque por lo general siempre la despiertan antes y lo apaga, de modo que, si la despierta el sonido del despertador, significa que ha dormido algo.

Y a ti, ¿qué frase te salvó la vida? ¿o qué estás todavía esperando oír?