En el momento del vuelo, contaba con 5 meses y 1 semana de vida, y el vuelo que elegimos para la ocasión fue un Barcelona-Granada, de aproximadamente 1 hora y 10 minutos de duración total.
Las razones que me llevaron a ello fueron varias, pero, fundamentalmente, me motivó el hecho de que sé perfectamente que un avión no es lugar para un bebé tan pequeño: sus oídos sufrirán, aunque no lo exteriorice con llanto -que probablemente lo hará- sus ritmos se verán alterados, y las condiciones de presión, sequedad del ambiente, etc. le afectarán seguro. Y, si hay algo que tengo claro, es que mi bebé no tiene ninguna necesidad de ir a Nueva York, a los 3 ni a los 6 meses. Y, sencillamente, es un tema con el que no quiero ser egoísta. Y es que un bebé, ¡como en casa no está en ningún sitio!
Esta vez, sin embargo, la cosa cambiaba: mi bebé es un par de meses mayor que entonces y, aunque aún sería, a mi juicio, pronto para un vuelo de larga distancia, se trataba de un vuelo cortito.
Fue un viaje muy improvisado, lo cual es absolutamente desaconsejable si viajas con niños, pero nos surgió la oportunidad de manera inesperada y pensamos que era buena idea aprovechar la ocasión para que Max conociese a sus bisabuelas, que viven en un pueblo de Ganada y están ya mayores.
El vuelo de ida fue maravilloso: el niño se lo pasó en grande, excitado ante tanta novedad, y estuvo sociable y tranquilo todo el trayecto.
La vuelta fue otra historia diferente: además del cansancio acumulado esos 3 días, debido a los cambios de horarios y ambientes, el ajetreo y la actividad, el vuelo de vuelta sí afectó a sus tiernos oídos, y se pasó llorando desconsoladamente todo el descenso, hasta que, ya en aproximación, conseguí calmarlo y dormirlo.
Con todo, considero que el viaje en su conjunto resultó una experiencia positiva de la que no me arrepiento, si bien nos enseñó algunas cosas, principalmente errores, que imagino que con el tiempo y la práctica conseguiremos ir evitando. Además, ahora entiendo completamente el estrés de las familias que viajan con bebés, y las mamás que viajan solas con sus hijos me parecen auténticas heroínas.
Aquí os dejo algunos consejos, basados en esta experiencia, por si os estáis planteando viajar con vuestro bebé:
- Si no es absolutamente necesario, no vueles. Esto no es tan radical como parece... No quiero decir que uno coja sólo el avión en caso de emergencias y necesidad extrema. A lo que me refiero es más bien a que pienses dos veces la necesidad real de ese viaje (como hice yo con NYC), y explores con cuidado todas las posibles opciones de transporte. Trabajando en aviación, parece que tirase piedras sobre mi propio tejado, pero no es así. De momento, lamentablemente y como todo el mundo sabe, ni los aeropuertos, ni los aviones en sí -independientemente de la compañía- son muy amigos de las familias con niños pequeños. Es cierto que son más rápidos, y eso viajando con niños siempre es una ventaja, pero recomiendo que valores con detenimiento los pros y contras, porque volar no es un juego de niños.
- Si decides coger el avión, que el viaje sea lo más corto posible (que la duración del vuelo sea directamente proporcional a la edad del bebé). Si el destino no es un problema, entonces te recomiendo que elijas siempre un destino cercano. A medida que el bebé crezca, podrás ir explorando un poquito más allá.
- Viaja con el menor número de bultos posible. Esto parece una obviedad, pero créeme, no lo es. Y es que, a pesar de que sepamos que hemos de ir ligeros y lo intentemos, viajando con niños siempre iremos demasiado cargados. Si el control de seguridad del aeropuerto es un tostón en condiciones normales, viajando con un bebé es un auténtico poema. Nosotros pensábamos que íbamos ligeros de equipaje, hasta que me vi a mí misma poniendo en la cinta de seguridad nuestra maleta de cabina, la del bebé, mi bolso, el bolso del carro, los abrigos, mis botas, las dos piezas del cochecito (que no atinaba a plegar), mientras mi pareja pasaba dos veces por el detector con el bebe en brazos y el pantalón medio caído, y se nos formaba detrás una cola de 6 sillas de ruedas y, por si fuera poco, el guardia me echaba de manera condescendiente la bronca porque ese ya no es el filtro por el que teníamos que haber pasado (aunque otro guardia me había dicho previamente que pasáramos por allí). Una vez nos recompusimos y llegamos a la puerta de embarque, descubrimos que el avión se encontraba en un parking remoto, y que teníamos que bajar unas escaleras de caracol para poder subir al autobús que nos llevaría hasta el avión. Mi pareja con el cochecito (bebé incluido) en volandas y yo con las dos maletas y los dos bolsos escaleras abajo. ¿Imagináis qué hubiera pasado de haber viajado sola con el bebé? Exacto; jamás habría llegado al autobús.
- Sustituye el cochecito por una silla ligera o una mochila. Si porteas a tu bebé regularmente, entonces tienes mucho ganado a la hora de viajar. Sin embargo, si normalmente lo llevas en el cochecito -como es nuestro caso- procura hacerte, si el bebé tiene la edad apropiada, con una de esas maravillosas y ultraligeras sillas que se pliegan hasta ocupar lo que un bolso de mano. Existen, las he visto, y pienso hacerme con una para la próxima vez sin dudarlo.
- Ve con tiempo. Si eres de esas personas que suelen llegar los primeros a todas partes y se presentan siempre media hora antes de su cita: enhorabuena, viajar con un bebé no te supondrá un gran problema en este sentido. Si eres una persona normal, puntual +- 5 minutos, ojo: calcula siempre los tiempos dejando entre media y una hora más de margen del habitual. Si eres impuntual, márcatelo a fuego: como no dejes un margen de 2 ó 3 horas en tus cálculos, vas a perder más aviones que pelo después del parto. Nosotros fuimos bien de tiempo al aeropuerto, salimos justos del control de seguridad y llegamos por los pelos a la puerta de embarque. Es así.
- Consulta al pediatra antes del vuelo. Pregúntale si lo ve contraproducente teniendo en cuenta el destino y la edad del niño, pídele recomendaciones (protector solar, alimentación, vacunas, botiquín de viaje...) y resuelve dudas (por ejemplo, ¿le doy antiinflamatorio para los oídos? tiene mocos, ¿cancelo el vuelo?... )
- Procura que, especialmente en despegues y aterrizajes, el bebé vaya dormido o succionando (ya sea pecho, biberón, o chupete). Esto es un básico indiscutible. Sus oídos te lo agradecerán, y los pasajeros vecinos también. Si, a pesar de todo, le duelen, paciencia, realmente no hay mucho que puedas hacer (de ahí mis recomendaciones de pensártelo bien antes). Si detectas que le duelen con tiempo, díselo a las auxiliares, quizás aún puedan pedir a los pilotos que, si es que pueden, bajen antes (y, en consecuencia, más despacio).
- Deja todos los aspectos del viaje lo más atados posible. Billetes de avión, reservas de hotel, coche, autobuses o trenes, itinerarios y actividades, horarios, paradas para descansar... todo. No dejes nada a la improvisación, pero prepárate para tener que improvisar en cualquier momento.
- Hospédate en un lugar cómodo. Si alguna vez lo fuiste, tus tiempos de mochilero acabaron. Ya no sois una joven pareja de viajeros; cuando dejéis vuestros comentarios en tripadvisor marcaréis la casilla "familia con niños pequeños". Sed consecuentes con este punto: Por más hippies que seáis, necesitaréis un lugar cómodo y confortable para descansar. Nosotros no solíamos invertir mucho en el alojamiento; en nuestros viajes buscábamos buena ubicación al menor precio posible. Limpio y con baño privado eran todas mis exigencias. "Total, sólo vamos a estar en la habitación para dormir". Desde que tenemos a Max las tornas han cambiado: pasamos bastante más tiempo en la habitación, y buscamos comodidad y calidad. Como la limpieza y la ubicación siguen siendo un must, todo esto se traduce en una inevitable subida de precio. Pero os aseguro que es una inversión que agradeceréis; con el peque el "todo vale" ya no vale. Nosotros nos hospedamos en el Hotel Carmen, pero no quedamos satisfechos, por lo que nos cambiamos al Leo Room Mate. ¡Lo recomiendo mucho!

- Sé paciente y mantén la calma. Habrá momentos de estrés (los traslados, el control de seguridad, el vuelo...) Es posible que a tu bebé le cueste dormirse en el avión (y ya sabemos como se las gasta un bebé con sueño), que se haya hecho caca justo cuando no puedes levantarte para ir a cambiarlo y esté incómodo, que el avión le dé gases, o que le duelan lo oídos. Todo esto puede acabar con un bebé llorando a pleno pulmón, unos pasajeros molestos y unos padres muy nerviosos. Mantén la calma; los bebés lloran. Los pasajeros molestos lo superarán, no sufras por ellos. Tu bebé lo superará, no sufras por él. Pero si perdéis la calma entonces no habrá forma de hacerlo bien. Si la cosa se pone muy desagradable y puedes levantarte, quizás le alivie que lo pasees. Yo tuve que cogerlo en brazos, sentarme en un fila vacía y darle el pecho mientras le cantaba y mecía para conseguir dormirlo. Por fortuna, funcionó, y pude volver a mi asiento para el aterrizaje. Antes de eso había probado varias formas de entretenimiento que nos suelen funcionar bastante bien, pero ten en cuenta que si le duelen los oídos, insisto: hay poco que puedas hacer. De ahí mis recomendaciones 1, 2, 6 y 7.
De todas formas, no te desanimes, hay niños que ponen las cosas muy fáciles a la hora de viajar: duermen todo el tiempo. Si el tuyo es uno de esos, felicidades :-)
Estos son mis consejos, de momento, pero estaré encantada de leer los tuyos, si tienes algún truco que quieras compartir.
¡Feliz semana!




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