lunes, 15 de febrero de 2016

Viajar con un bebé. Parte I

A primeros de febrero tuvimos ocasión de volar por primera vez con el pequeño Max.
En el momento del vuelo, contaba con 5 meses y 1 semana de vida, y el vuelo que elegimos para la ocasión fue un  Barcelona-Granada, de aproximadamente 1 hora y 10 minutos de duración total.

Hace unos meses, cuando cumplió 3, nos planteamos la posibilidad de hacer un viaje con él. Debido a mi profesión, estoy acostumbrada a ver bebés muy pequeños en los aviones, además de compañeros de trabajo que embarcan a sus hijos a edades realmente muy tempranas, por lo que empecé a entusiasmarme con la idea de llevar a mi familia a Nueva York. Pero en seguida recapacité, y decidí no hacerlo.

Las razones que me llevaron a ello fueron varias, pero, fundamentalmente, me motivó el hecho de que sé perfectamente que un avión no es lugar para un bebé tan pequeño: sus oídos sufrirán, aunque no lo exteriorice con llanto -que probablemente lo hará- sus ritmos se verán alterados, y las condiciones de presión, sequedad del ambiente, etc. le afectarán seguro. Y, si hay algo que tengo claro, es que mi bebé no tiene ninguna necesidad de ir a Nueva York, a los 3 ni a los 6 meses. Y, sencillamente, es un tema con el que no quiero ser egoísta. Y es que un bebé, ¡como en casa no está en ningún sitio!






Esta vez, sin embargo, la cosa cambiaba: mi bebé es un par de meses mayor que entonces y, aunque aún sería, a mi juicio, pronto para un vuelo de larga distancia, se trataba de un vuelo cortito.

Fue un viaje muy improvisado, lo cual es absolutamente desaconsejable si viajas con niños, pero nos surgió la oportunidad de manera inesperada y pensamos que era buena idea aprovechar la ocasión para que Max conociese a sus bisabuelas, que viven en un pueblo de Ganada y están ya mayores.

El vuelo de ida fue maravilloso: el niño se lo pasó en grande, excitado ante tanta novedad, y estuvo sociable y tranquilo todo el trayecto.



La vuelta fue otra historia diferente: además del cansancio acumulado esos 3 días, debido a los cambios de horarios y ambientes, el ajetreo y la actividad, el vuelo de vuelta sí afectó a sus tiernos oídos, y se pasó llorando desconsoladamente todo el descenso, hasta que, ya en aproximación, conseguí calmarlo y dormirlo.

Con todo, considero que el viaje en su conjunto resultó una experiencia positiva de la que no me arrepiento, si bien nos enseñó algunas cosas, principalmente errores, que imagino que con el tiempo y la práctica conseguiremos ir evitando. Además, ahora entiendo completamente el estrés de las familias que viajan con bebés, y las mamás que viajan solas con sus hijos me parecen auténticas heroínas.

Aquí os dejo algunos consejos, basados en esta experiencia, por si os estáis planteando viajar con vuestro bebé:

  1. Si no es absolutamente necesario, no vueles. Esto no es tan radical como parece... No quiero decir que uno coja sólo el avión en caso de emergencias y necesidad extrema. A lo que me refiero es más bien a que pienses dos veces la necesidad real de ese viaje (como hice yo con NYC), y explores con cuidado todas las posibles opciones de transporte. Trabajando en aviación, parece que tirase piedras sobre mi propio tejado, pero no es así. De momento, lamentablemente y como todo el mundo sabe, ni los aeropuertos, ni los aviones en sí -independientemente de la compañía- son muy amigos de las familias con niños pequeños. Es cierto que son más rápidos, y eso viajando con niños siempre es una ventaja, pero recomiendo que valores con detenimiento los pros y contras, porque volar no es un juego de niños.
  2. Si decides coger el avión, que el viaje sea lo más corto posible (que la duración del vuelo sea directamente proporcional a la edad del bebé). Si el destino no es un problema, entonces te recomiendo que elijas siempre un destino cercano. A medida que el bebé crezca, podrás ir explorando un poquito más allá.
  3. Viaja con el menor número de bultos posible. Esto parece una obviedad, pero créeme, no lo es. Y es que, a pesar de que sepamos que hemos de ir ligeros y lo intentemos, viajando con niños siempre iremos demasiado cargados. Si el control de seguridad del aeropuerto es un tostón en condiciones normales, viajando con un bebé es un auténtico poema. Nosotros pensábamos que íbamos ligeros de equipaje, hasta que me vi a mí misma poniendo en la cinta de seguridad nuestra maleta de cabina, la del bebé, mi bolso, el bolso del carro, los abrigos, mis botas, las dos piezas del cochecito (que no atinaba a plegar), mientras mi pareja pasaba dos veces por el detector con el bebe en brazos y el pantalón medio caído, y se nos formaba detrás una cola de 6 sillas de ruedas y, por si fuera poco, el guardia me echaba de manera condescendiente la bronca  porque ese ya no es el filtro por el que teníamos que haber pasado (aunque otro guardia me había dicho previamente que pasáramos por allí). Una vez nos recompusimos y llegamos a la puerta de embarque, descubrimos que el avión se encontraba en un parking remoto, y que teníamos que bajar unas escaleras de caracol para poder subir al autobús que nos llevaría hasta el avión. Mi pareja con el cochecito (bebé incluido) en volandas y yo con las dos maletas y los dos bolsos escaleras abajo. ¿Imagináis qué hubiera pasado de haber viajado sola con el bebé? Exacto; jamás habría llegado al autobús.
  4. Sustituye el cochecito por una silla ligera o una mochila. Si porteas a tu bebé regularmente, entonces tienes mucho ganado a la hora de viajar. Sin embargo, si normalmente lo llevas en el cochecito -como es nuestro caso- procura hacerte, si el bebé tiene la edad apropiada, con una de esas maravillosas y ultraligeras sillas que se pliegan hasta ocupar lo que un bolso de mano. Existen, las he visto, y pienso hacerme con una para la próxima vez sin dudarlo.
  5. Ve con tiempo. Si eres de esas personas que suelen llegar los primeros a todas partes y se presentan siempre media hora antes de su cita: enhorabuena, viajar con un bebé no te supondrá un gran problema en este sentido. Si eres una persona normal, puntual +- 5 minutos, ojo: calcula siempre los tiempos dejando entre media y una hora más de margen del habitual. Si eres impuntual, márcatelo a fuego: como no dejes un margen de 2 ó 3 horas en tus cálculos, vas a perder más aviones que pelo después del parto. Nosotros fuimos bien de tiempo al aeropuerto, salimos justos del control de seguridad y llegamos por los pelos a la puerta de embarque. Es así.
  6. Consulta al pediatra antes del vuelo. Pregúntale si lo ve contraproducente teniendo en cuenta el destino y la edad del niño, pídele recomendaciones (protector solar, alimentación, vacunas, botiquín de viaje...) y resuelve dudas (por ejemplo, ¿le doy antiinflamatorio para los oídos? tiene mocos, ¿cancelo el vuelo?... )
  7. Procura que, especialmente en despegues y aterrizajes, el bebé vaya dormido o succionando (ya sea pecho, biberón, o chupete). Esto es un básico indiscutible. Sus oídos te lo agradecerán, y los pasajeros vecinos también. Si, a pesar de todo, le duelen, paciencia, realmente no hay mucho que puedas hacer (de ahí mis recomendaciones de pensártelo bien antes). Si detectas que le duelen con tiempo, díselo a las auxiliares, quizás aún puedan pedir a los pilotos que, si es que pueden, bajen antes (y, en consecuencia, más despacio).
  8. Deja todos los aspectos del viaje lo más atados posible. Billetes de avión, reservas de hotel, coche, autobuses o trenes, itinerarios y actividades, horarios, paradas para descansar... todo. No dejes nada a la improvisación, pero prepárate para tener que improvisar en cualquier momento.
  9. Hospédate en un lugar cómodo. Si alguna vez lo fuiste, tus tiempos de mochilero acabaron. Ya no sois una joven pareja de viajeros; cuando dejéis vuestros comentarios en tripadvisor marcaréis la casilla "familia con niños pequeños". Sed consecuentes con este punto: Por más hippies que seáis, necesitaréis un lugar cómodo y confortable para descansar. Nosotros no solíamos invertir mucho en el alojamiento; en nuestros viajes buscábamos buena ubicación al menor precio posible. Limpio y con baño privado eran todas mis exigencias. "Total, sólo vamos a estar en la habitación para dormir". Desde que tenemos a Max las tornas han cambiado: pasamos bastante más tiempo en la habitación, y buscamos comodidad y calidad. Como la limpieza y la ubicación siguen siendo un must, todo esto se traduce en una inevitable subida de precio. Pero os aseguro que es una inversión que agradeceréis; con el peque el "todo vale" ya no vale. Nosotros nos hospedamos en el Hotel Carmen, pero no quedamos satisfechos, por lo que nos cambiamos al Leo Room Mate. ¡Lo recomiendo mucho! 
  10. Sé paciente y mantén la calma. Habrá momentos de estrés (los traslados, el control de seguridad, el vuelo...) Es posible que a tu bebé le cueste dormirse en el avión (y ya sabemos como se las gasta un bebé con sueño), que se haya hecho caca justo cuando no puedes levantarte para ir a cambiarlo y esté incómodo, que el avión le dé gases, o que le duelan lo oídos. Todo esto puede acabar con un bebé llorando a pleno pulmón, unos pasajeros molestos y unos padres muy nerviosos. Mantén la calma; los bebés lloran. Los pasajeros molestos lo superarán, no sufras por ellos. Tu bebé lo superará, no sufras por él. Pero si perdéis la calma entonces no habrá forma de hacerlo bien. Si la cosa se pone muy desagradable y puedes levantarte, quizás le alivie que lo pasees. Yo tuve que cogerlo en brazos, sentarme en un fila vacía y darle el pecho mientras le cantaba y mecía para conseguir dormirlo. Por fortuna, funcionó, y pude volver a mi asiento para el aterrizaje. Antes de eso había probado varias formas de entretenimiento que nos suelen funcionar bastante bien, pero ten en cuenta que si le duelen los oídos, insisto: hay poco que puedas hacer. De ahí mis recomendaciones 1, 2, 6 y 7.
De todas formas, no te desanimes, hay niños que ponen las cosas muy fáciles a la hora de viajar: duermen todo el tiempo. Si el tuyo es uno de esos, felicidades :-)

Estos son mis consejos, de momento, pero estaré encantada de leer los tuyos, si tienes algún truco que quieras compartir. 

¡Feliz semana!

jueves, 4 de febrero de 2016

10 cosas que toda madre debería escuchar

Ser madre es algo complicado. En ocasiones, demasiado. Y, sin embargo, mejor o peor, las madres de todo el planeta llevan milenios desempeñando esta difícil tarea con poco o ningún reconocimiento y con alguna que otra crítica.



En mi corta experiencia como mamá, ha habido frases que me han llegado al corazón, que han sido como un bálsamo y me han dado el coraje y la energía que necesitaba... Y otras que hubiera necesitado escuchar en un momento determinado, pero no ocurrió.

Siempre recordaré una noche, una semana después de nacer mi hijo, en la que, desesperada ante una lactancia que me estaba resultando en extremo desagradable, mi pareja me dijo: "Estás haciendo todo lo que puedes. Decide lo que quieres hacer, y yo te apoyaré. Si no puedes más, mañana mismo bajo a comprar una lata de leche. Diana, no tienes que demostrarle nada a nadie." Esa última frase me hizo tanto bien, que me dio la fuerza que necesitaba para seguir adelante con la lactancia. Porque es inevitable que una madre, sobre todo una primeriza, sienta presión, miedos de todo tipo y, aunque parezca obvio que no debería, se sienta juzgada continuamente. Queridas mamás, si no os lo han dicho ya: No tenéis que demostrarle nada a nadie.

Hace poco, esperando en la consulta de mi médica de cabecera, mi bebé estaba de cháchara y riendo, súper sociable, haciendo las delicias de todos los abuelos que se aburrían en la sala de espera. Uno de ellos decidió acercarse y, tras comentarme lo espabilado que estaba, me preguntó si tenía otros hijos. Al decirle que era el primero, me respondió: "Deberías tener más; los haces muy bien." :-)

Aquí os dejo un pequeño listado de las diez cosas que toda mamá debería escuchar, al menos de vez en cuando:


  1. Eres una buena madre. Porque lo eres, y te mereces que te lo digan alguna vez. Si antes dije que una madre se siente juzgada continuamente, es porque es continuamente juzgada. Pero la que más lo hace es ella misma. No te castigues más, mami... Como dice Lucía Be: Lo estás haciendo muy bien, coño.
  2. Gracias. Por todo lo que haces, por todo el amor, por todos los cuidados, por tu tiempo, por tu cuerpo, salud y belleza, por tus horas de sueño y de ocio, por tus esfuerzos y tus lágrimas, por tu intimidad, por tu carrera profesional. Por todos tus sacrificios. Gracias por todo.
  3. Estás preciosa. Una madre reciente (y no tan reciente) tendrá probablemente la autoestima por los suelos. Ya no está embarazada, pero aún no ha perdido todo el peso y, si lo ha hecho, su cuerpo no es el mismo que era. Su pelo ya no está radiante como en los meses de gestación; es más, se le ha caído y está sucio, porque lleva 3 días sin lavárselo. Tiene estrías en la barriga y los muslos y el pecho algo caído. Hace 6 meses que no se hace la manicura en condiciones, 4 que no va a la peluquería y lleva sólo media pierna depilada, porque el bebé se despertó a mitad del proceso. Tiene la piel reseca y le ha salido un "grano de regla" en la barbilla, aunque ésta aún no le ha bajado. Y las ojeras... No hablemos de las ojeras. Su "uniforme" diario es un pijama con manchas de leche, o unos leggins con agujeros en la entrepierna y una camiseta vieja, que a veces también usa de pijama. Su ropa no le sienta bien, y tampoco tiene tiempo de pensar qué ponerse. Una madre reciente (y no tan reciente) necesita que le digas que está guapa. Intenta que suene sincero... No se lo creerá, pero le gustará escucharlo igualmente.
  4. Deje que la ayude. Para entrar y salir de mi portal tengo que abrir 3 puertas. TRES. Os aseguro que tengo vecinos que se quedan tranquilamente plantados delante del ascensor mientras intento abrir las 3 puertas y atravesarlas con el cochecito del bebé y las bolsas del mercadona. Se quedan mirando, y sé que me ven porque a veces me dicen "hola", pero no se les pasa por la cabeza que a lo mejor me vendría bien que me abrieran, o me sujetaran la p**a puerta. Una mamá necesita escuchar "deje que la ayude", aunque luego responda "no se preocupe, gracias", cuando sube o baja del autobús, cuando entra y sale de algún lugar con puertas, cuando carga cosas... Ayúdala.
  5. Yo me encargo. En la línea del anterior, pero dirigido a familiares y amigos y, especialmente, al papá. Una madre lo intenta, pero no puede encargarse de todo ella sola. Esta vez, encárgate tú sin que ella te lo pida, anda.
  6. Se parece a ti. Ya sabes que tiene la misma cara que su padre, porque tienes ojos pero, aún así, la gente -todo el mundo- se encargará de recordártelo -todo el tiempo-. Por lo visto, los humanos tenemos una obsesión importante con los parecidos, es así. Una y otra vez, escucharás la consabida frase "se parece a". Conocidos y desconocidos se acercarán, lo observarán durante unos segundos y emitirán su juicio con resolución pasmosa, porque claro, todos estamos ansiosos esperando oírlo... Y aunque seas de esas personas que se lo toman bien, y empieces sonriendo y asintiendo, al final acabarás hasta el moño, sonriendo y asintiendo mientras piensas: "Muchas gracias por su perspicaz observación, señora de la cola del banco, sólo me lo habían dicho 5735 veces antes que usted". Y en fin, puestos a escucharlo, al menos alguien podría tener la decencia de mentir un poco. Al fin y al cabo lo has llevado muchos meses dentro, y lo has parido ¡Algo tuyo tendrá!
  7. Voy a lavarme las manos. Te puede parecer una gilipollez, pero la mamá -sobre todo la primeriza- respirará tranquila cuando sepa que la persona que está cogiendo en brazos a su pequeño y delicado recién nacido está libre de gérmenes. Es más, le ahorrarás el mal trago de tener que pedírtelo ella. 
  8. Tú sabes lo que es mejor para tu familia. Lactancia materna o artificial, cuna o colecho, guardería o abuelos, papillas o sólidos, brazos o no brazos, carrito o porteo... Cada maestrillo tiene su librillo. Tú sabes lo que es mejor para tu familia, y punto.
  9. Tómate la tarde libre. O la mañana. O -soñemos- el día. Este punto debe ir seguido del punto 5 para cobrar realismo. Porque aunque sea una súper heroína, de vez en cuando una mamá necesita dormir la siesta, o comer sentada y caliente, o darse una ducha relajante, o ir al baño sin interrupciones, o hacerse la manicura, arreglarse el pelo y afeitarse la otra media pierna. O salir a tomar algo con las amigas aunque se pase la tarde mirando el móvil para ver que está todo bien.
  10. El despertador. No es broma. Una mamá necesita escuchar el despertador, porque por lo general siempre la despiertan antes y lo apaga, de modo que, si la despierta el sonido del despertador, significa que ha dormido algo.

Y a ti, ¿qué frase te salvó la vida? ¿o qué estás todavía esperando oír?